Las SOFOMES mexicanas, las nuevas Too Big to Fail.
En México, el sistema financiero ha sido uno de los pilares mejor construidos por administraciones pasadas. Su solidez le ha permitido resistir crisis globales como la de 2008 en Estados Unidos, la de 2015 en Grecia, el Brexit en 2016, la pandemia de 2019 y diversas recesiones. Estas experiencias han enseñado a manejar los capitales nacionales frente a riesgos sistémicos.
Sin embargo, México siempre ha tenido más amenazas internas que externas. Como bien lo menciona el himno nacional: “Mas si osare un extraño enemigo profanar con su planta tu suelo...”, pero nada dice sobre los problemas que nacen desde dentro.
Las SOFOMES (Sociedades Financieras de Objeto Múltiple), especialmente las Entidades No Reguladas (ENR), han crecido al margen del sistema financiero tradicional. Algunos defenderán que tienen regulación propia y que la CNBV vigila su actividad. Pero como alguien que ha trabajado en tres de estas entidades, puedo afirmar que muchas operan con una supervisión limitada y sin el rigor que se exige a otros intermediarios financieros.
Estas entidades presumen transparencia voluntaria, sobre todo cuando tienen inversionistas institucionales o cotizan en bolsa. Sin embargo, esa “voluntariedad” está lejos de ser una verdadera rendición de cuentas. El resultado: estructuras complejas, apalancamiento elevado y riesgos que no se están midiendo correctamente.
Hoy, muchas SOFOMES manejan portafolios del tamaño de bancos medianos, pero sin estar sujetas a las mismas reglas. Han establecido relaciones con fondos internacionales, bancos, programas gubernamentales y proveedores estratégicos. Su eventual quiebra no solo afectaría a los inversionistas directos: tendría consecuencias sistémicas en la economía.
El concepto de Too Big to Fail nació en la crisis financiera de 2008 para describir a aquellas instituciones cuya caída podría colapsar todo un sistema. Varias SOFOMES mexicanas ya cumplen con esos criterios. La gran pregunta no es si una de ellas caerá, sino cuándo lo hará… y qué tan preparados estaremos para contener ese impacto.
Mientras el marco normativo siga permitiendo que operen sin controles estrictos, estamos incubando un riesgo sistémico silencioso. Si el Estado no actúa con anticipación, tarde o temprano tendrá que intervenir. Y entonces, esas mismas entidades que hoy rehúyen la regulación reclamarán ser rescatadas por el sistema del que intentaron mantenerse al margen.
Esa es, precisamente, la nueva definición de Too Big to Fail… a la mexicana
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